¿Cuántos treintañeros hoy en día NO saben cocinar? Y ¿cuántos de ellos desean aprender? Hoy en día parece que la cocina no es uso exclusivo de las mujeres, sino más bien de los hombres, pues no conozco yo a nadie del género masculino que no haya hecho sus pinitos en la cocina. Y es que ¡cómo cambian las cosas! Si antes eran las mujeres las que preparaban el almuerzo, ahora los hombres nos deleitan con detalles culinarios. Ya no hace falta que te lleven a cenar a un restaurante, ahora el restaurante es su propia casa, la comida caserísima, primer plato, segundo plato e incluso postre! Todo ello acompañado de un buen vino y ala! Nos tienen en el bote…
Bueno, pues yo soy una treintañera cuyo interés culinario despertó hace poco, y más que por gusto, por necesidad, pues el hecho de vivir independizada de tus padres te obliga a aprender ciertas cosas y una de las imprescindibles es cocinar y otra, hacer la compra, para no subsistir a base de los tupperware de mami o de comida basura (cocinada o pre-cocinada…) Así que, de la mano de otra amiga de mi generación, nos hemos apuntando en diferentes cursos de cocina para ver que se “cuece” en este mundillo.
Y en eso estamos, entregadas en cuerpo y alma a sacar algo de provecho a esas clases de cocina a las que debes asistir una vez finalizada la jornada laboral y cuyo horario dista mucho de ser apetecible, a pesar de que te puedas llevar la cena hecha a casa… (Al menos, algo que borrar de la innumerable lista de tareas que crea la independencia, todo un consuelo…) y la verdad, creo que le estoy cogiendo gustillo a este mundo, porque si bien antes ni se me pasaría por la cabeza malgastar mi tan preciado tiempo libre entre cacerolas, ayer mismo, me sorprendí saliendo de trabajar y entrando en el primer supermercado que encontré de camino a casa para comprar almendras molidas y preparar una receta exquisita de almendrados… y si, en mi tiempo libre!!!!!!
Si es cuestión de confesar, os diré que no me arrepiento de dedicar a la cocina algo de mi tiempo ocioso a pesar de que ello implique restarle tiempo a la lectura de un buen libro, a descubrir nuevos grupos musicales o ir de compras con tus amigas…, aunque esto último me cueste más… pero, en realidad, supongo que será algo temporal, ya sabéis, la fiebre de la novedad, que si antes me quedaba sentada en el sofá esperando a que se me pasara… ahora me pongo mandil, gorro y al ritmo de “Sarandonga nos vamos a comer… Sarandonga un arroz con bacalao…” me meto de lleno en la cocina y la hago mía.
miércoles, 24 de febrero de 2010
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