martes, 23 de febrero de 2010

DIAS DE INVIERNO

Hoy es un día de invierno cualquiera, de esos en los que suena el despertador y mientras estás en cama, refugiada bajo el calorcito de las mantas y el edredón, escuchas como repiquetean las gotas de lluvia sobre la persiana de la ventana de la habitación y como el viento sopla furibundo en un intento de arrancar todo lo que obstaculice su camino y entonces piensas… me voy a empapar, si si, no queda otra, llueve demasiado…y sabes perfectamente que el trayecto de casa al trabajo se te va a hacer eterno por mucho que corras con la vana esperanza de que la lluvia resbale por tu impermeable rojo y llegues al trabajo un poco decente, y no mojada como un pito que es lo habitual en estos casos… Un día de esos en los que se te da por pensar: ¿con lo bien que se está en camita para que tienes que levantarte?, ah si!… para que va a ser!, para ir a un trabajo que te aporte dinero a fin de mes y te permita seguir durmiendo en esa camita caliente que te cuesta tanto abandonar en días de lluvia y viento, como hoy. Y como lo único productivo que consigues quedándote en cama unos minutos más es llegar tarde al trabajo, dejas de pensar (y de respirar unos segundos) en cuanto ves lo tarde que es en el reloj de la mesilla de noche y te levantas de inmediato tropezando con todo y jurándote a ti misma que nunca, nunca más te vas a plantear el quedarte en camita al abrigo de las mantas cuando suene el despertador y escuches un temporal de frío y nieve, por mucha lluvia y viento que esté intentando derribar a toda costa tu ventana e introducirse en el interior de tu confortable habitación … porque entonces pasa, y ya no importa la prisa que te des, porque ya llegas tarde…

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